San Agustín y la Filosofia de la Interioridad

SAN AGUSTÍN

Y LA FILOSOFÍA DE LA

INTERIORIDAD

 

            En el año de 1981 en Aguascalientes, Ags. Del 23 de marzo al 10 de abril, la radiodifusora ESTEREO MENDEL; se transmitieron 14 reflexiones como una introducción a la filosofía de la interioridad de S. Agustín. Estas reflexiones tienen el objetivo de popularizar las ideas contenidas en la conferencia que con el titulo “El camino de la interioridad en la búsqueda de Dios” fue dictada en la ciudad de Roma el 2 de julio de 1979. El P.  Fr. Esteban Ramírez Ruiz, OSA  es el autor y transmisor de dichas reflexiones.

 

            La primera reflexión lleva por titulo LA GRAN CUESTIÓN: el P. Esteban en esta primera reflexión, aborda el tema de la filosofía en dos sentido: el primero como lo puede concebir la mayoría de las personas que poco o nada tienen conocimiento del tema  y la ven como la ciencia de lo abstracto o de las cosas abstrusas, o de las cosas que están muy alejadas del mundo real en que vivimos. Se piensa también que la filosofía es algo casi totalmente inútil. Esto nos lleva a esa definición un tanto cuanto en broma, pero que refleja la impresión que se tiene hoy en día sobre la filosofía: “La filosofía es la ciencia con la cual y sin la cual se queda uno tal cual”. El segundo, expresa la importancia de la filosofía como ciencia y nos dice: la filosofía es la más concreta de todas las ciencias, la ciencia que más nos planta en el corazón mismo de la realidad concreta, la ciencia que más necesita la persona humana, que más necesitamos todos, para vivir la vida con madurez, con profundidad, con plenitud. La filosofía es por definición aquella ciencia que encamina a la persona humana a ubicarse dentro de las bases mismas del ser, para que pueda conducirse como auténtica persona.

 

            Muchos de ustedes pueden estar pensando que ya tienen resuelto el problema de su propia ubicación y que por consiguiente no siente la necesidad de filosofar. Muchos de ustedes, por ejemplo, pueden pensar que ya la doctrina cristiana implica un esquema de la realidad que permite a toda persona el ubicarse plenamente. De acuerdo con ese esquema, que todos los cristianos aceptamos, Dios es el cordero; Dios ha creado el mundo; yo soy una de sus creaturas; yo convivo con las demás creaturas de este modo; mi obligación es caminar de acuerdo con el orden universal que el mismo Dios ha establecido. Con este esquema ¿no estoy ya plenamente ubicado? La respuesta es que no se trata de esa ubicación. Ubicar al yo no es ubicar una cosa. Para el yo, ubicarse dentro de un esquema objetivo, encajonarse dentro de un sistema abstracto, cualquiera que sea, es referirse exclusivamente a su “ser cosa”, es perder de vista totalmente la originalidad que tiene en cuanto es un yo. El mismo esquema de la doctrina cristiana, si llega a cosificar al yo, es decir si llega a hacer del yo una simple cosa entre las demás cosas, lo que hace es destruir al yo en aquello que lo hace ser un yo. La misma doctrina cristiana, para que dé su auténtica  ubicación del yo, necesita ser plenamente interiorizada, es decir, necesita convertirse en la vivencia fundamental del yo, necesita convertirse en el cuestionamiento más profundo a la realidad íntima del yo.

 

            Lo importante por consiguiente, en lo que se refiere a nuestra ubicación, no es encajonarnos en un esquema filosófico o religioso; no es tampoco llenarnos la cabeza de sistemas de filosofía. Lo importante es encontrar la luz que nos descubra la originalidad de nuestro yo, la luz que nos descubra el proceso íntimo del yo, la luz que nos descubra el sentido último de nuestro dinamismo espiritual. San Agustín no nos va a enseñar un sistema abstracto de filosofía; San Agustín no nos va a introducir al mundo de la racionalidad abstracta. San Agustín  nos va a empujar a que saboreemos el misterio insondable que se encuentra en el fondo de nuestro propio ser y a que encontremos en ese misterio el sentido y el dinamismo de nuestra propia existencia. San Agustín es el filósofo que con una audacia increíble se atrevió a asomarse y a hurgar en el misterio del yo, en el misterio de la libertad, en el misterio de la libertad, en el misterio de la creatividad, para fundar ahí su visión de la realidad, para encontrar ahí el sentido de todo lo que se da en la experiencia.

 

            Muchas veces se entiende mal a San Agustín. Se dice con mucha razón que San Agustín es el creador de la teología cristiana, que es el filósofo del cristianismo, que es el primer pensador que logra unificar todo el saber humano, tanto el que viene de la Revelación como el que viene de la razón, en un sistema universal, en un sistema en el que todo tiene una trabazón íntima. Se piensa sin embargo que San Agustín pudo llegar a eso, porque supo unificar genialmente la filosofía platónica con el mensaje cristiano. Eso es totalmente falso. Es cierto que San Agustín conocía profundamente a Platón y a Plotino; es cierto también que San Agustín se imbuyó profundísimamente de la Sagrada Escritura; y es cierto que San Agustín encontró la forma de conciliar la Biblia con la filosofía; pero el secreto de la grandeza única del pensamiento de San Agustín no está en eso. El secreto de San Agustín está en que tuvo la audacia de acercarse a la Revelación y de acercarse a Platón y de acercase  a todo con su yo irrepetible de Agustín. “Et factus sum mihimentipsi magna quaetio” “E hice de mí mismo la gran cuestión”. San Agustín, había hecho de su yo, de su yo como Agustín, la gran cuestión, el gran problema, el problema de todos los problemas, y desde allí se asoma hacia la Revelación y desde allí se asoma hacia la filosofía de Platón. La Revelación y la filosofía de Platón quedan totalmente interiorizadas dentro de la vida íntima de Agustín. El contenido de la Revelación no es un conjunto de verdades abstractas, sino un contenido de vida, un contenido que empuja al yo, al yo concreto e irrepetible de Agustín, a su vida más íntima y profunda.

 

            Y lo que hace San Agustín con la Revelación y con la filosofía platónica, lo hace con toda la filosofía, con toda la ciencia, con toda la tradición, con toda costumbre, con todo lo que se da en la experiencia humana. Hacia todo y en relación a todo enfoca San Agustín la gran cuestión que es su propio yo; todo lo convierte en aquel cuestionamiento que es el que provoca la creatividad de la persona humana.

 

            Este acercamiento de San Agustín a todos los aspectos de la realidad a través del dinamismo íntimo de su ser, es lo que ha hecho de San Agustín el primer hombre moderno, el contemporáneo de todas las épocas y de todas las generaciones, el guía de toda renovación filosófica, de toda renovación cultural, de toda renovación espiritual.

 

 

            “Et factus sum mihimetipsi magna quaestio” “E hice de mí mismo la gran cuestión”. El hacer de sí mismo la gran cuestión es el secreto de toda creatividad en todos los aspectos y en todos los campos de la vida humana. Un hombre se convierte en creativo cuando acepta el reto que le lanza la problemática de su propia situación, cuando se decide a recibir la experiencia como un cuestionamiento hacia su propio ser.

 

            En lo que muchas veces no pensamos, y por eso no nos ubicamos con profundidad, es en la obligación que tenemos todos de ser creativos, de poner en juego la capacidad creativa que poseemos en nuestro ser. Estamos en este mundo para ser un yo y ser un yo implica la creatividad. Como veremos en la filosofía de la interioridad, el hombre es persona en cuanto es llamado a dejar de ser cosa para que sea un yo, y lo que hace a un yo ser yo es su creatividad.

 

 

            Lo que hizo por consiguiente San Agustín, al hacer de su propio yo la gran cuestión, fue implicarse en la ubicación esencial de su ser, fue implicarse en la realidad más profunda y más original de su propio ser. Si queremos por eso ubicarnos de verdad, necesitamos hacer de nuestro propio ser la gran cuestión, el gran problema. Necesitamos saber descubrir en nuestra propia situación el reto a nuestra creatividad personal; necesitamos saber encontrar en nuestra propia situación aquella problemática que provoca y que pone en juego nuestra creatividad personal.

 

 

Pbro. José Luis López Gutiérrez

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